6 Verdades Sorprendentes Sobre los Peritos Judiciales que Cambiarán tu Visión de los Juicios

Cuando pensamos en peritos judiciales, la imagen que nos viene a la mente suele estar sacada de una serie de televisión: un genio infalible en un laboratorio impoluto que revela la prueba definitiva que resuelve el caso en el último minuto. La realidad, sin embargo, es mucho más compleja, matizada y, francamente, más interesante.

Lejos del dramatismo de la ficción, el mundo de los peritos judiciales está lleno de dinámicas estratégicas y realidades legales que son clave para entender cómo funciona la justicia de verdad. No son magos, sino profesionales cuya opinión experta debe navegar un riguroso proceso de escrutinio.

Este artículo desvelará seis de las verdades más impactantes sobre los peritos judiciales, desmontando mitos y ofreciendo una visión clara de su verdadero papel en el engranaje judicial. Prepárate para cambiar tu perspectiva.

1. El perito nombrado por el juez no es automáticamente más imparcial

Existe una creencia muy extendida: el perito «de oficio» o «judicial», al ser designado por un juez, es inherentemente más objetivo que el «perito de parte», contratado por el demandante o el demandado. Parece lógico pensar que quien no es pagado por una de las partes será más neutral.

Sin embargo, esta idea es un mito. La Ley de Enjuiciamiento Civil española es muy clara al exigir un juramento o promesa de actuar con la mayor objetividad posible a todos los peritos, sin importar quién los nombre. La obligación de imparcialidad es la misma para ambos. Por eso, la credibilidad de un peritaje no reside en su origen, sino en valores como el conocimiento y el rigor técnico del experto, que pueden ser superiores en un perito de parte.

No obstante, siempre se dice que el nombrado por el Juzgado es más imparcial e independiente. En Grossman creemos que no es cierto porque aparte de su independencia hay otros valores que tienen un rango al menos igual o superior como son el saber del perito y conocimiento de éste en el tema.

2. Tu arquitecto, tu profesor o incluso un plomero pueden ser peritos

El rol de perito judicial no está reservado a las disciplinas forenses clásicas que vemos en el cine, como la balística, la medicina forense o la psicología criminal. La justicia se enfrenta a disputas sobre casi cualquier aspecto de la vida moderna y, por tanto, necesita expertos en prácticamente cualquier campo del saber.

Dependiendo de la naturaleza del litigio, casi cualquier profesional con conocimientos especializados puede ser llamado a actuar como perito. Si hay un litigio sobre un fallo de construcción, se necesitará un arquitecto. Si se discuten los estándares educativos en un colegio, un maestro puede ser la persona idóona para aportar luz. Incluso un plomero podría ser llamado si la causa de una disputa es una instalación de fontanería defectuosa.

Esto demuestra que la justicia necesita nutrirse de un espectro amplísimo de conocimientos. Pero esta diversidad de perfiles hace que no todos estén preparados para el escrutinio de un juicio, lo que nos lleva a la siguiente verdad…

3. No basta con ser un genio: un perito debe saber comunicar y mantener la calma

La solvencia técnica es la base, pero es solo la mitad del trabajo. Un perito puede ser el mayor experto mundial en su campo, pero si no sabe comunicar sus conclusiones de forma clara, sencilla y persuasiva, su conocimiento no servirá de nada en un juicio.

Además de ser un buen comunicador, el perito debe tener un autocontrol férreo. Durante el juicio, será sometido a un interrogatorio por el abogado de la parte contraria, cuyo objetivo es cuestionar su informe y su credibilidad. Perder los nervios, mostrarse arrogante o ponerse a la defensiva puede ser desastroso.

Cualidades como la meticulosidad para analizar cada detalle, una buena presencia acorde a la solemnidad de la sala y una personalidad fuerte que transmita convicción sin caer en la arrogancia son igualmente cruciales. El perito defiende un criterio técnico, no a la persona que le ha contratado. Su lealtad es con la verdad de su ciencia o disciplina.

Un perito debe limitarse a defender su opinión, pero nunca defender a la parte, pues para eso está el abogado.

Cuando un experto pierde la calma, su testimonio pierde fuerza y su objetividad se desvanece.

La falta de autocontrol es sinónimo de falta de credibilidad, de objetividad y de recursos.

4. Se acabaron los precios fijos: los honorarios de un perito se negocian caso por caso

Antiguamente, los colegios profesionales publicaban baremos o tarifas orientativas que servían de guía para fijar los honorarios de los peritos. Esto daba una idea aproximada de cuánto costaría un informe pericial.

Sin embargo, esta práctica fue prohibida por la Ley de Defensa de la Competencia, al considerarse que restringía la libre competencia. Hoy en día, no existen tarifas oficiales. Cada perito fija sus honorarios libremente en función de las particularidades de cada caso.

Para ello, el profesional realiza una «estimación de gastos» que tiene en cuenta factores como las horas de trabajo, la complejidad técnica, los desplazamientos o el material requerido. Antes de empezar, es común que el perito solicite una «provisión de fondos», que es un pago por adelantado para cubrir los gastos iniciales.

5. El juez tiene la última palabra y no está obligado a seguir el dictamen pericial

Es fácil caer en la creencia de que la conclusión de un perito es vinculante para el juez. Si el experto dice «A», el juez dictará «A». Pero esto no es así. El informe pericial es una prueba más, muy importante, pero no es la decisión final.

Los jueces deben valorar todas las pruebas, incluidos los informes periciales, según las «reglas de la sana crítica». Este concepto jurídico significa que el juez tiene libertad para valorar las pruebas de forma lógica y racional, basándose en su experiencia y conocimiento, pero siempre debe argumentar su decisión.

Si en un juicio se presentan dos informes periciales opuestos, el juez analizará la solidez, la claridad y la metodología de cada uno. Finalmente, explicará en su sentencia por qué un dictamen le ha parecido más convincente que el otro, o incluso por qué se aparta de ambos. La opinión del experto ilumina, pero no ciega, al juez.

el dictamen de peritos no acredita irrefutablemente un hecho, sino simplemente el juicio personal o la convicción formada por el informante con arreglo a los antecedentes suministrados, sin vincular en absoluto a los jueces y tribunales, quienes no están obligados a sujetarse al dictamen pericial.

6. La estrategia ganadora no es elegir uno, sino combinarlos

La disyuntiva entre un perito judicial (de oficio) y un perito de parte a menudo se presenta como una elección excluyente. Sin embargo, la estrategia legal más sofisticada no consiste en elegir uno sobre otro, sino en saber cómo y cuándo utilizar cada figura.

El perito de parte es fundamental en las fases iniciales. Antes de interponer una demanda, su informe permite valorar la viabilidad de la reclamación y cuantificar los daños. Durante el proceso, su rol es preparar a la defensa, identificar los puntos débiles del caso contrario y, lo más importante, analizar y preparar el interrogatorio al perito judicial.

Por su parte, el perito judicial aporta una credibilidad reforzada por su designación imparcial, lo que a menudo tiene un gran peso en la decisión del juez. La estrategia más efectiva es, por tanto, una combinación: usar al perito de parte como un asesor técnico clave para construir el caso y retar al perito judicial, cuyo dictamen, con suerte, confirmará las tesis que tu propio experto ya había avanzado. Es un juego de contrapesos donde ambos son necesarios.

Conclusión: Una Pieza Clave en el Puzle de la Justicia

La figura del perito judicial es mucho más estratégica y compleja de lo que la cultura popular nos ha hecho creer. Entender estas dinámicas revela que la justicia no se basa en verdades absolutas entregadas por genios de laboratorio, sino en un debate riguroso donde la persuasión, la estrategia y la solidez técnica compiten por convencer al juez.

La próxima vez que escuches sobre un «testigo experto» en un caso mediático, ¿lo verás como una autoridad infalible o como una pieza crucial y compleja dentro de un puzle mucho más grande?